El Niño y el Muro

Marcos, narcos y nacos...la frontera no frena a nadie. Bush se angustia, es el momento propicio para ser un lider republicano que sepa llenar la botas. Bush ha descubierto que la frontera con México es porosa, una malla, pura faramalla. La frontera es un peligro, basta ver las cruces de Juárez desde El Paso.
Lo mejor de dos mundos, que vengan a trabajar sin acceder jamás a la ciudadanía ni a la posibilidad de ejercer ni media prorrogativa política. Programa de trabajadores temporales. Ya estaríamos, para recoger tomates y ensamblar hamburguesas (por que quizás usted no lo sepa, pero en Estados Unidos las hamburguesas no se preparan, se ensamblan al calor de los metales) no se requiere poder votar.
Es el momento del de-browning of America, "porque no hay nada más descorazonador para un agente migratorio que atrapar a alguien y después, casi de inmediato dejarlo ir" Imagine usted el desconsuelo del probre agente fronterizo que deja ir, entre lágrimas, al criminal inmigrante, al cruel narcotraficante, al café extranjero necio en no hablar inglés y asumir como propios los valores de la ética protestante. Enforcement over compassion.

Un poco tarde. 1 de cada 11 habitantes de Estados Unidos son de origen mexicano de primera, segunda y hasta séptima generación. Y siguen entrando, y se encaraman, y paren, y comen, y hablan con eñes y gritos y risas, y se reconocen en la tierra, y se creen retornados. Aztlán guerrillero de a $3.50 la hora.
Será cuestión de ver pasar las elecciones intermedias para que los ánimos asilacionistas se acaben. Bush repite la fórmula electoral, afianzar el voto conservador (blanco, devoto, excluyente) en las campañas. Será cuestión de dejar banderas al lado y ampliar el TLCAN para incluir todos los ínsumos y factores productivos: capital, trabajo y tecnología.
El tema de los inmigrantes ilegales de origen mexicano es redituable en las urnas, lo mismo que la guerra contra el tráfico de drogas, mientras las culpas se ubiquen al otro lado de la frontera, mientras exista un enemigo nombrable (y sobre todo, diferente). El pueblo sobre la colina ha terminado por no definirse sino es en la exclusión. Lo mismo aquí, enrollarse en la bandera y ser el más mexicano de los hombres levanta sonrisas y aplausos. La política exterior sin testosterona les sabe a un huevo sin sal. La declaración enérgica, la protesta diplomática. Todo un hombrecito.
Juegos de simulación, la mano dura que deja pasar la mano de obra tan requerida por una economía que sigue siendo labor-intensive. La protesta patriota, el grito que revela sólo carencia de fuerza.
Un juego, el niño y el muro.

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